*Este texto ha sido revisado y corregido para evitar desvelar datos importantes (spoilers) sobre la novela de George.R.R.Martin.
EL SEÑOR DE LA LUZLa creencia en R´hllor, el Señor de la Luz, no es propia de Poniente, pero dada su influencia en los acontecimientos, es interesante comentarla.
R´hllor es el Señor de la Luz, suyas son la luz del día y las llamas del fuego, que disipan la oscuridad de la noche, y su símbolo es un corazón en llamas. Frente a él, y en constante lucha, se alza el Dios de la Noche y el Terror, cuyo nombre desconocemos porque no debe pronunciarse; los Otros, los seres espectrales que aparecen más allá del Muro, son sus criaturas. En Poniente no existen Templos Rojos, aunque hay varias menciones a su existencia en las Ciudades Libres. Desconocemos por tanto su funcionamiento, o la jerarquía de los seguidores del Señor de la Luz. Pero sí tenemos algunas referencias a los oficios, al menos a los que practican Melisandre y Thoros con sus seguidores.
En Tormenta de espadas se describe el inicio del oficio diario, que se realiza al caer la noche en torno a una hoguera y dura una hora o más. Melisandre lidera la plegaria, con contestaciones de los fieles:
Melisandre: “Aléjanos de la oscuridad, oh, Señor. Inflama nuestros corazones para que podamos recorrer tu camino luminoso. R´hllor, tú eres la luz de nuestros ojos, el fuego de nuestros corazones, el calor de nuestras entrañas. Tuyo es el sol que calienta nuestros días, tuyas las estrellas que nos guardan en la noche oscura... Señor de la Luz, defiéndenos. La noche es oscura y alberga cosas aterradoras.”
Fieles: “Señor de la Luz, protégenos.”
Melisandre: “R´hllor que nos concedes el aliento, te damos las gracias. R´hllor que nos concedes los días, te damos las gracias.”
Fieles: “Te damos las gracias por el sol que nos calienta. Te damos las gracias por las estrellas que velan por nosotros. Te damos las gracias por el fuego de los hogares y las antorchas que mantienen a raya la oscuridad.”
Melisandre: “Te damos las gracias por Stannis, nuestro rey según tu voluntad. Te damos las gracias por el puro fuego blanco de su bondad, por la espada roja de justicia que esgrime, por el amor que inspira en su leal pueblo. Guíalo y defiéndolo, R´hllor, y dale fuerzas para aniquilar a sus enemigos.”
Fieles: “Dale fuerzas. Dale valor. Dale sabiduría.”
Thoros y sus seguidores entonan una plegaria en parecidos términos.
Thoros: “Señor de la Luz, vela por nosotros.”
Fieles: “Señor de la Luz, defiéndenos. Señor de la Luz, protégenos en la oscuridad. Señor de la Luz, que tu rostro brille sobre nosotros.”
Thoros: “Enciende tu llama sobre nosotros, R´hollor. Muéstranos si este hombre dice la verdad o miente. Humíllalo si es culpable, da fuerza a sus brazo si es sincero. Señor de la Luz, danos sabiduría.”
Fieles: “Porque la noche es oscura, y alberga cosas aterradoras.”
Es más que probable que existan rituales asociados a la vida diaria, como ceremonias matrimoniales o de difuntos, pero los desconocemos. Sabemos por ejemplo que los sacerdotes imparten a los muertos el último beso, y que éstos suben al Salón de Luz.
LOS SIETE DIOSESLa Fe o los Siete Dioses es la religión imperante en el sur de Poniente, desde Foso Cailín hasta Dorne, aunque también la profesa alguna Casa del norte como los Manderly. La base de esta creencia es la existencia de siete dioses, si bien los septones enseñan, al menos a los niños de familia noble, que estos siete dioses no son más que las siete facetas o rostros de un único dios. De hecho, los siete dioses encarnan diversos valores del ser humano: el Padre, la Madre, el Guerrero, la Vieja, el Herrero, la Doncella y el Desconocido. Una canción que Samwell Tarly recuerda de su niñez los describe perfectamente en su versión más sencilla:
El rostro del Padre es fuerte y severo,
juzga certero el bien y el mal.
Sopesa las vidas, las largas, las breves,
y ama a los niños.
La Madre regala el don de la vida,
vela por toda esposa y mujer.
Su sonrisa dulce aplaca la ira,
y ama a los niños.
El fuerte Guerrero enfrenta enemigos,
nos protege siempre en el vivir.
Con espada, escudo, con arco y lanza,
él guarda a los niños.
La Vieja es anciana y muy sabia,
y nuestros destinos contempla pasar.
Levanta su lámpara de oro rutilante
y guía a los niños.
El Herrero trabaja sin descanso,
para nuestro mundo enderezar.
Usa su martillo, enciende su fuego,
todo para los niños.
La Doncella baila por nuestros cielos,
ella vive en todo suspiro de amor.
Su sonrisa bella da vuelo a las aves,
y sueños a los niños.
Son los Siete Dioses, nos hacen a todos,
escuchan tus ruegos al rezar.
Cerrad pues los ojos, os cuidan, niños,
cerrad pues los ojos, vuestro sueño velarán.
Solo cerrad los ojos, ellos os cuidarán
y vuestro sueño velarán.
Tres figuras femeninas y tres figuras masculinas, que cubren distintas facetas de la vida. Sin embargo, todo lector atento observará que en esta canción para niños sólo se mencionan seis dioses, aquellos a los que habitualmente se reza, dependiendo de la circunstancia. Falta el séptimo, el Desconocido, que encarna la muerte, siendo el encargado de guiar al otro mundo al que acaba de morir, por lo cual los féretros se depositan ante su altar.
El culto de los Siete Dioses está perfectamente organizado, con un clero, templos, etc. En este sentido, es una religión totalmente integrada en la sociedad y que marca en la misma aspectos determinantes.

El lugar de culto o templo es el sept, que puede integrarse dentro de una edificación como en el caso de los castillos o existir como edificio independiente en las ciudades y en los pueblos. Su estructura suele tener siete paredes, cada una de las cuales acoge una representación de uno de los siete dioses, en forma de talla o de pintura, y, dependiendo de la riqueza del sept, de factura más o menos elaborada. Estas representaciones van asociadas a un altar, donde los fieles encienden velas para honrar al dios correspondiente. Cada dios tiene una representación arquetípica; así, el Padre es un hombre con barba de aspecto severo, la Madre una figura sonriente y amorosa, el Guerrero se representa con una espada, el Herrero con un martillo, la Doncella es una mujer joven y hermosa, la Vieja una anciana arrugada y sabia, representada en general con una lámpara en una mano. El Desconocido no tiene una representación tan clara, ya que es a la vez hombre y mujer, sin ser ninguno de los dos; lo vemos representado con un aspecto más animal que humano, o incluso como un óvalo negro con estrellas en lugar de ojos.
Los encargados del culto en los septs son los septones, la figura básica del clero. Aparecen con frecuencia en los castillos de los nobles, donde asumen tanto la función religiosa como funciones de educadores de los niños, encargados de las bibliotecas, etc. Su formación parece iniciarse desde temprana edad en centros de estudios especializados como puede ser el Gran Sept de Baelor en Desembarco del Rey, siendo posteriormente enviados a su destino. También pueden ser devotos concretos de uno de los Siete Dioses, llevando entonces al cuello un colgante, por ejemplo un martillo en el caso de aquellos que veneran al Herrero.
También existe una figura femenina, la septa. No sabemos cuál es la formación ni los deberes religiosos concretos de las septas, pero no dirigen oficios religiosos y las vemos básicamente como institutrices de las niñas de familias nobles.
Aparecen brevemente en la narración otros tipos de religiosos. Existen septrios, equivalentes a nuestros monasterios, donde los hermanos, además de ocuparse probablemente de la atención religiosa a las poblaciones cercanas, viven en comunidades y mantienen granjas. Así mismo, se mencionan hermanos mendicantes, que van por los caminos llevando la Fe y viviendo de lo que les ofrece el pueblo llano; parecen dedicarse también a predicar, como vemos en varias ocasiones en las calles de Desembarco del Rey. Por último, las hermanas silenciosas, que se encargan del cuidado de los muertos e incluso los acompañan en sus traslados, probablemente tengan una relación con la iglesia de los Siete Dioses y más concretamente con el Desconocido.
No está clara la estructura jerárquica, pero sí la existencia de una figura única que controla todo el clero desde el Gran Sept de Baelor en Desembarco del Rey, el Septon Supremo. La forma en que es designado no es conocida, aunque parece que los poderes políticos tienen una clara influencia. Como símbolo de su rango, el Septon Supremo lleva una elaborada corona.
Los rituales asociados al culto tampoco están muy claros. Es posible que existan oficios repetidos periódicamente, pero lo cierto es que los personajes de Canción, incluyendo las figuras con algún tipo de cargo público, no parecen asistir a menudo a ceremonias religiosas, con lo cual se puede suponer cuando menos que la asistencia no es esencial; sin embargo, es frecuente que las mujeres dediquen parte del día a la oración en el sept. Los oficios aparecen en situaciones solemnes, como los matrimonios.
En todo caso, parece que los cánticos son parte primordial de los oficios, como éste del que sólo conocemos el inicio:
Madre gentil, fuente de toda piedad,
salva a nuestros hijos de la guerra y la maldad,
contén las espadas y las flechas detén,
que tengan un futuro de paz y de bien.
Madre Gentil, de las mujeres aliento,
ayuda a nuestras hijas en este día violento,
calma la ira y la furia agresiva,
haz que nuestra vida sea más compasiva.
La Fe tiene una fuerte influencia sobre la sociedad, los septones actúan como testigos y notarios de numerosos eventos o impartiendo bendiciones. Los matrimonios se celebran en un sept, ante un septon, quien recoge el juramento de los contrayentes; así mismo, un matrimonio no consumado sólo puede ser anulado por el Septon Supremo o por un Consejo de la Fe (estructura sobre la que no tenemos ninguna información). La ceremonia matrimonial tiene el siguiente ritual: se formulan los siete votos, se invocan las siete bendiciones y se intercambian las siete promesas; se entona la canción nupcial y si nadie se alza para impedir el enlace, se produce el intercambio de capas, el padre o tutor de la novia le quita la capa de doncella con los colores de su Casa y el novio le pone la capa de casada, con sus propios colores, simbolizando el paso de la protección del padre a la del esposo; tras ello los novios se intercambian la palabras rituales (“con este beso te entrego en prenda mi amor y te acepto como señor y como esposo / y te acepto como mi señora y esposa”) y se besan en los labios; el septon concluye la ceremonia con la siguiente fórmula: “Aquí, ante los ojos de los dioses y los hombres, proclamo solemnemente a .... de la Casa .... y a .... de la Casa.... marido y mujer, una sola carne, un solo corazón, una sola alma, ahora y por siempre, y maldito sea quien se interponga entre ellos”. Indudablemente, también los sepelios tendrán una ceremonia religiosa propia, desconocida por ahora.
Otra intervención básica en una sociedad guerrera como la de Poniente es la figura del Ser, caballero que jura en nombre de la Fe defender los valores que ésta representa. En principio el aspirante vela toda la noche en el sept, y es investido por su padrino en una ceremonia pública ante un septon (“Para ser caballero hay que velar en un sept, y ser ungido con los siete aceites, que consagran el juramento.”, tal como explica el maestre Luwin), aunque el ritual puede omitirse en gran medida según las circunstancias. Pero incluso en ese caso, la relación entre el Ser y la Fe queda patente, tal como vemos cuando Lyonel Baratheon nombra Ser a Raymun Fossoway en El caballero errante (“Raymun de Fossoway – pronunció solemnemente, tocando al escudero en el hombro derecho con la hoja-, en el nombre del Guerrero os ordeno ser valiente. – La espada se trasladó del hombro derecho al izquierdo-. En el nombre del Padre os ordeno ser justo. – De nuevo al derecho-. En el nombre de la Madre os ordeno defender a los jóvenes y los inocentes. –Izquierdo-. En el nombre de la Doncella os ordeno proteger a todas las mujeres...”). También los seguidores de la Fe que ingresan en la Guardia de la Noche pronuncian sus votos en el sept, ante un septon.
Finalmente, la Fe también interviene en los juicios, que se inician con la plegaria de un septon rogando al Padre que guíe a los jueces hacia la justicia, o, de forma más marcada ya que en este caso la justicia queda enteramente en manos de los dioses, en los juicios de dios. En estos casos, un septon ruega a los dioses, sobre todo al Padre y al Guerrero, que intervengan en el combate, dando la victoria al combatiente cuya causa es justa. Una variante arcaica del juicio de dios, que data de la llegada de los ándalos a Poniente, es el juicio de siete que vemos en El caballero errante; en ella se enfrentan siete caballeros en cada bando, honrando así a los Siete Dioses.
LOS ANTIGUOS DIOSESEl culto a los antiguos dioses se extiende por el norte de Poniente y, como hemos comentado, deriva de las creencias de los niños del bosque. Sin embargo, parece evidente que se han perdido muchos de los antiguos orígenes, especialmente en todo lo que se refiere a la magia que conocían los niños del bosque, así como la figura de los verdevidentes, que, por las pocas referencias que tenemos, parecían ejercer un papel de guía espiritual para su pueblo.

De hecho, tal como conocemos esta religión en Canción, lo más sorprendente es precisamente su total ausencia de culto y de clero. El único símbolo visible son los arcianos de cara tallada, que se pueden encontrar ubicados de distintas formas. En los castillos están situados en el centro del bosque de dioses, recibiendo el nombre de árbol corazón, pero se pueden encontrar en círculos (en el Bosque Encantado, o los restos de 31 arcianos en la colina alta de la tierra de los ríos), y también, en el caso de las aldeas de los salvajes, situados en el centro de la misma. Es curioso que en las tierras del sur se haya conservado la costumbre de tener un bosque de dioses en los castillos, si bien sin función religiosa; en estos casos el árbol corazón puede ser un arciano (como en Aguasdulces y Harrenhal) o cualquier otro árbol (un roble en el bosque de dioses de la Fortaleza Roja).
Tampoco existen rituales, consistiendo la plegaria ante el arciano básicamente en una conversación con uno mismo, enla cual el árbol representa a los antiguos dioses, y actúa como solemne testigo de la sinceridad del que está ante él. Se trata por lo tanto de una creencia extremadamente personal, en la cual probablemente cada individuo determina su valor. Así, tenemos en los libros ejemplos de guerreros que rezan en el bosque de dioses antes de la batalla, pero también ejemplos como Eddard Stark limpiando su espada sentado al pié del árbol corazón tras ejecutar a un hombre, o citando a Cersei Lannister en el bosque de dioses, para que los antiguos dioses sean testigos de sus palabras.
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